viernes, 27 de junio de 2014

Espejos y horribles reflejos


Alicia se metió en la ducha como todas las mañanas, cincuenta y cinco minutos antes de tener que salir por la puerta para ir a trabajar.

Su gato, Lord Byron, tenía la costumbre de abrir la puerta corredera del baño y colarse en la ducha con ella. Debía de ser el único gato del mundo que adoraba el agua. Aquel día no fue una excepción, mientras la ducha arrojaba el agua tibia sobre su cuerpo aún adormecido, escuchó como se deslizaba la puerta con suavidad y vio por el rabillo del ojo el contoneo grácil de la cola de Byron.

Sin embargo el gato no entró sólo, aunque no podía ver a nadie más, estuvo segura de sentir su fría presencia en el ambiente y el agua de la ducha disminuyó un par de grados de temperatura.

Salió de la bañera empapada y creó un charco bajo sus pies en pocos segundos, pero apenas se dio cuenta, miraba atemorizada la sombra borrosa que se alzaba junto al gato. El animal siguió su camino hacia ella y el borrón oscuro se movió junto a él como si de su propia sombra se tratara.

Cuando pasaron frente al espejo, que colgaba en la pared desde el techo al suelo, Alicia vio con nitidez el reflejo de lo que acompañaba a Lord Byron: era el niño de la casa de al lado, aquel que había muerto una semana atrás al caer por la escalera del segundo piso... aún tenía el cuello torcido en aquel ángulo escabroso. Sus ojos estaban vacíos, dos oquedades negras que sin embargo parecían ver, pues no se apartaban de ella.

Tembló de pies a cabeza. Si no hubiera vaciado su vejiga antes de meterse en la ducha, estuvo segura de que lo habría hecho en aquel momento.

- No lo dejes pasar, Lord Byron -dijo Alicia incapaz de realizar ni un solo movimiento. El agua seguía deslizándose por su cuerpo y ampliando el charco del suelo.

El animal maulló igual que si la hubiera entendido y dio media vuelta. El fantasma siguió al gato como si se hubieran invertido los papeles y él fuera la mascota, y ambos desaparecieron por donde habían llegado.

Desde aquel día, Alicia comenzó a echar el cerrojo de la puerta del baño antes de ducharse y llevó todos los espejos de su casa al vertedero.