Dicen que, si te pones a las tres
de la mañana frente a un espejo y, con una vela encendida, nombras tres veces a
Verónica, la hija de Satanás se te aparece y te muestra la forma en la que vas
a morir.
También dicen que, si a media
noche colocas unas tijeras abiertas en mitad de la Biblia, se levantarán con
vida propia y se lanzarán a clavarse contra tu pecho.
Marcos nunca creyó ninguna de
aquellas estúpidas supersticiones, por eso, y para demostrar que sus amigos
eran unos “gallinas acojonados”, aceptó la apuesta y se plantó a las tres de la
mañana frente al espejo del baño. Encendió una vela y llamó a la mismísima hija
del diablo.
- Verónica, Verónica, Verónica*.
Para su sorpresa, el espejó vibró
y le devolvió otra imagen diferente a su reflejo asombrado: era él mismo con unas
tijeras clavadas en el pecho, las mismas tijeras que había dejado abiertas tres
horas antes entre las páginas de su Biblia.
*Nota del autor: Espero por tu bien que no hayas
leído el relato en voz alta pues, aunque no estés frente a ningún espejo ni
sean las tres de la mañana, Verónica puede haberte escuchado…
